Voy a contar una historia real que sucedió en una estación del metro de Washington. Esta historia es una demostración de que muchas veces no somos capaces de darnos cuenta de las cosas aunque las tengamos delante de nosotros.

La historia es la siguiente:
Una mañana llegó un hombre a una de las estaciones del metro de Washington y comenzó a tocar el violín durante 45 minutos.
Se calcula que en ese espacio de tiempo, pasaron por allí más de 1.000 personas.
A pesar de que el hombre estaba allí mismo y se podía escuchar el sonido de su violín en toda la estación, transcurrieron varios minutos hasta que una persona se percató de la presencia del violinista y alteró levemente su paso.
Poco después, el violinista recibió su primera donación procedente de una mujer que arrojó un dólar en la lata que tenía delante y continuó su camino.

Resulta curioso, que quienes más atención prestaron al violinista fueron los niños de poca edad que pasaron por allí acompañados de sus padres.

Durante los 45 minutos que permaneció tocando, sólo se detuvieron 7 personas y otras 20 personas dieron algo de dinero sin interrumpir su camino. El violinista consiguió recaudar 32 dólares y cuando el sonido del violín dejó de oírse, nadie pareció advertirlo ni hubo aplausos ni ningún tipo de reconocimiento.

Nadie lo sabía, pero ese violinista era uno de los mejores músicos del mundo y acababa de tocar algunas de las obras más complejas que han sido escritas y lo había hecho con un violín tasado en más de 3 millones de dólares.

Dos días después, ese mismo músico al que nadie había reconocido ni valorado, volvió a tocar esas mismas obras y con el mismo violín, en un teatro que se encontraba repleto por personas que habían pagado un promedio de 100 dólares por sus entradas.

Poco después se supo, que la actuación de este genial músico en el metro de Washington había sido organizada por el periódico The Washington Post como parte de un experimento social sobre las prioridades de las personas y la percepción.

Esta es tan sólo una demostración de que muchas veces no sabemos valorar y ni tan siquiera ver, las cosas que tenemos a nuestro alrededor.
De poco sirvió que uno de los mejores músicos del mundo estuviera allí delante de todo el mundo acompañado de uno de los violines más caros que existen y que su sonido se pudiera escuchar en toda la estación.

Resulta triste comprobar cómo prestamos más atención a nuestra rutina diaria, que a la cantidad de cosas nuevas que suceden a nuestro alrededor y que pueden mejorar nuestras vidas.
A menudo escuchamos a personas quejarse de que su vida es monótona o de que no son afortunadas. Y estas personas no se dan cuenta de que es su forma de pensar, su forma de actuar y su pasividad lo que hace que sus vidas sean así.
Este tipo de personas se lamentan de que no les gusta su trabajo, de que trabajan muchas horas, de que deberían ganar más dinero, pero sin embargo, cuando una oportunidad pasa por delante de ellas se quedan paralizadas o miran hacia otro lado.

Si queremos conseguir que nuestra vida cambie y sobre todo que mejore, deberíamos de mirar con más atención lo que sucede a nuestro alrededor y empezar a hacer cosas distintas.
Si seguimos con la misma rutina diaria y si siempre hacemos las mismas cosas todo seguirá igual.

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