nuestras creencias limitantes

Muchas veces nos sentimos incapaces de hacer o conseguir ciertas cosas y terminamos por resignarnos. Lo más grave de esto es que, en un gran número de ocasiones, no existe una incapacidad real sino una convicción mental de que somos incapaces.
Igual que un magnífico ordenador con un software mediocre genera resultados mediocres, un cerebro excepcional con un software mental limitante sólo producirá resultados limitados.
El software mental se fabrica fundamentalmente a través de experiencias. Esas experiencias se convierten en los puntos de referencia que deciden la manera en la que el cerebro ha de operar en el futuro.

Nuestras experiencias, sobre todo si han tenido lugar durante la niñez, pueden dar lugar a unas creencias inconscientes. Este tipo de creencias son en realidad convicciones que tenemos. Las creencias son algo muy enraizado en la mente. La mayor parte de las convicciones que nos limitan, lo hacen sin que nosotros lo sepamos, esto es, actúan por debajo del plano de la consciencia.
Hay una serie de ideas que tendemos a descartarlas de entrada porque están en contradicción con lo que nuestros propios sentidos nos muestran.
Si conseguimos vencer nuestra forma tan limitada de pensar, conseguiremos ver las cosas desde una perspectiva más amplia y esto nos permitirá descubrir puertas donde antes sólo veíamos muros.

Las creencias que tenemos en nuestra mente, al final, determinan lo que vemos.
Un ejemplo de esto lo tenemos en los antiguos anatomistas de Padua.
Paracelso que fue la primera persona que estudió el hígado dijo que éste tenía 5 lóbulos. Pero Paracelso lo que estudió fue el hígado del cerdo.
Cuando años más tarde Andreas Vesalio estudió el hígado humano y dijo que éste sólo tenía 2 lóbulos, lo tacharon de loco. Como los anatomistas contemporáneos de Vesalio tenían la creencia de que el hígado tenía 5 lóbulos, cuando miraban un hígado humano veían 5 lóbulos y no 2 como realmente tenía.
Este es un claro ejemplo de cómo una honda creencia, determina lo que ven las personas.

Del mismo modo que tenemos en nuestra mente unas creencias que en muchas ocasiones determinan lo que vemos, también tenemos la creencia de que cualquier cambio o circunstancia que nos saque de nuestra zona de confort va a resultar negativo para nosotros. Esto es lo que nos lleva a considerar las distintas oportunidades que se nos presentan en la vida, no como oportunidades para mejorar sino como amenazas.

Cuando tenemos la sensación de que nos tenemos que adaptar a un cambio para el que no nos sentimos preparados aparece una sensación de ansiedad, de frustración e incluso de depresión.
Nos sentimos paralizados porque el juicio que ha hecho nuestra mente entrenada en la limitación y no en la abundancia, es que no somos capaces.

Físicamente, esto se traduce en que la sangre en lugar de acudir a la parte anterior de nuestro cerebro, se va a las profundidades del mismo. Es como un mecanismo de autodefensa.
Es en la parte anterior del cerebro donde se encuentran los centros de la atención y donde buscamos alternativas para hacer frente a los problemas.
Cuanto más claridad y perspectiva necesitamos, cuanto más imaginación precisamos esta parte anterior del cerebro se queda sin sangre y toda la sangre se va a las profundidades del cerebro.
Esto quiere decir que cuando yo ante una situación de cambio experimento estas emociones y me dejo atrapar por ellas, en realidad las hormonas y los procesos cerebrales hacen que no pueda salir de ello.
Mi área prefrontal no funciona y por lo tanto no voy a tener claridad para solucionar. Por eso cuando estamos enganchados en el mundo emocional y tensos no pensamos con claridad. No podemos pensar con claridad porque no tenemos riego en la zona prefrontal.

Estas estructuras de la parte interna del cerebro lo que hacen es posicionarnos para sobrevivir, es decir, nos posicionan para que ataquemos, para que huyamos o hacen que nos quedemos bloqueados por completo.
Un ejemplo de esto lo tenemos en las reuniones de negocios, en los que en lugar de haber una crítica constructiva, la gente se ataca, se va o se queda bloqueada.

Sin embargo las estructuras de la parte prefrontal o anterior del cerebro son las que nos ayudan a imaginar, inventar, crear y tener perspectiva.
Por eso las personas que llevan una vida monótona y que están menos habituadas a utilizar la parte anterior del cerebro, cuando se presenta un cambio en sus vidas lo ven como una amenaza y no como una oportunidad. En cambio, quienes han ejercitado esta zona anterior del cerebro, se percatan antes de las oportunidades y son capaces de sacar provecho de ellas.

Por ello, no puede haber generación de valor, ni creatividad si nosotros no pensamos que podemos influir en cualquier circunstancia por compleja que sea.

A continuación se puede ver un video con un fragmento de una conferencia del Dr. Mario Alonso Puig en el que explica de forma sencilla todo lo comentado anteriormente.


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